Si una empresa paga para que alguien cree, dinamice y gestione su comunidad de usuarios, creo que no es para llevar una gráfico con un puñado de followers en las redes sociales, creo que es para interaccionar con ellos, y que le proporcionen información diaria e inmediata sobre su marca.
Los departamentos de Community Managers de las empresas son como una especie de diversión en el departamento de marketing. Unos chicos a los que ha contratado para miren en el Facebook, que debe ser importante porque Obama ganó unas elecciones gracias al apoyo en redes sociales, y porque en el Cinco Días y en el Expansión han salido empresarios americanos hablando del tema.
Así pues lo que les piden a los nuevos empleados, son gráficos que reflejen el buzz de la marca, es decir, el número de menciones en la red. El problema es que esas menciones pueden ser tanto por un exitoso producto, como por un accidente laboral en una de las fábricas. También se puede mencionar a la marca en elpais.com o en el blog de un alicantino de treinta años que no tiene amigos.
Lo que las empresas no han sabido ver es el partido que se les puede sacar, ya que se trata de un servicio de estudio de mercado continuo en el que, si resulta atractivo, se puede obtener un feedback constante con el usuario, es decir, la famosa conversación con el consumidor, de la que extraer en qué molamos y en qué deberíamos cambiar, con el consecuente ahorro en productos que fracasan, campañas que no gustan, o estudios de mercado.
Los Community Managers llevan tres años dando la matraca con tweets autoafirmantes. Para que luego venga Fanta y los compare con un surfero.
Reunión a las 12:00, mañana más.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados